viernes, 2 de agosto de 2024

Pancreas divisum

 Es un defecto congénito en el cual algunas partes del páncreas no logran fusionarse. El páncreas es un órgano plano y largo localizado entre el estómago y la columna. Ayuda en la digestión de los alimentos.

Causas

El páncreas divisum es la anomalía congénita más común del páncreas. En muchos casos, pasa inadvertida y no causa ningún problema. Su causa se desconoce.

A medida que el bebé se desarrolla en la matriz (útero), dos pedazos separados de tejido se juntan para formar el páncreas. Cada parte tiene un tubo, llamado conducto. Cuando las partes se juntan, se forma un conducto final, llamado conducto pancreático, a través del cual fluyen normalmente líquidos y químicos digestivos (enzimas) producidos por el páncreas.

Se presenta el páncreas divisum cuando los conductos no logran unirse mientras el bebé se desarrolla. El líquido proveniente de las dos partes del páncreas drena hacia dos zonas separadas de la porción superior del intestino delgado (duodeno). Esto se presenta en el 5% al 15% de las personas.

Si el conducto pancreático resulta obstruido, se puede presentar hinchazón y daño al tejido (pancreatitis).

Síntomas

Muchas personas no tienen síntomas. Si usted tiene pancreatitis, los síntomas incluyen:

Pruebas y exámenes

Le pueden practicar los siguientes exámenes:

Tratamiento

Los siguientes tratamientos pueden ser necesarios si usted tiene síntomas de la afección o si la pancreatitis sigue reapareciendo:

  • CPRE con un corte para agrandar la abertura por donde drenan los conductos pancreáticos (esfinterotomía) 
  • Colocación de una endoprótesis (stent) para impedir que el conducto se obstruya.

Se puede necesitar cirugía si estos tratamientos no funcionan.

Expectativas (pronóstico)

La mayoría de las veces, el desenlace clínico es bueno.

Posibles complicaciones

La principal complicación del páncreas divisum es la pancreatitis.

Cuándo contactar a un profesional médico

Comuníquese con su proveedor de atención médica si presenta síntomas de este trastorno.

Prevención

Debido a que esta afección está presente al nacer (congénita), no hay ninguna forma conocida de prevenirla.

Nombres alternativos

Páncreas dividido

Seguimiento de tumores papilares mucinosos intraductales del páncreas

 Autor/a: Dres. Lee SY, Lee KT, Lee JK et al. J Gastroenterol Hepatol. 2005 Sep;20(9):1379-84.

Introducción

El tumor papilar mucinoso intraductal (TPMI) del páncreas ha sido descrito como un tumor pancreático intraductal formado de la proliferación papilar de células epiteliales productoras de mucina que tienen alguna diferenciación gastroentérica [1]. El diagnóstico de TPMI se hace usualmente mediante una colangiopancreatografía endoscópica retrógrada (CPER) y tomografía computada (TC), pero la resolución de estos procedimientos por imágenes es a menudo limitada en la apreciación de la extensión de la enfermedad y en la distinción entre tumores benignos y malignos [2,3]. Aunque este tumor usualmente muestra una lenta evolución y una baja tasa de malignidad, pueden encontrarse todas las gradaciones desde adenoma benigno a carcinoma in situ o carcinoma invasivo [4].

El TPMI puede ser dividido en tres subtipos clínicamente distintos: el que afecta el conducto principal, el que afecta una ramificación y el mixto [5].  El del conducto principal se caracteriza por una dilatación de dicho conducto pancreático rellena con un exceso de mucina, mientras que el de ramificación corresponde al que involucra las ramas pancreáticas ectásicas pero separadas del conducto principal [6]. Se ha reportado que el tipo de TPMI que afecta a las ramificaciones es menos invasivo y tiene un mejor pronóstico que el que afecta al conducto principal [6-11]. Por lo tanto, se ha recomendado principalmente el abordaje quirúrgico agresivo para el TPMI con compromiso difuso del conducto principal. Sin embargo, los autores han observado un número de tumores de ramificación con pobre pronóstico en el escenario clínico (datos no publicados). En esos casos, la política de "esperar y observar" no parece ser aconsejable aún cuando el médico se halle frente a una lesión pequeña en un conducto periférico secundario [12]. Los objetivos de este trabajo fueron examinar las características clínico-patológicas y evaluar el pronóstico de los TPMI según sus subtipos. También se compararon la sobrevida y la recidiva de los tumores de las ramificaciones con las de los tumores del conducto principal.

Métodos

Pacientes

Todos los casos de TPMI diagnosticados en la institución de los autores entre marzo de 1995 y junio de 2004 fueron analizados. De acuerdo con la localización preoperatoria del TPMI, se realizaron diferentes tipos de resecciones pancreáticas. De los 67 casos de TPMI, 17 (25.4%) fueron resecados mediante una operación de Whipple, 15 casos (22.4%) mediante duodenopancreatectomía con conservación del píloro, 11 casos (16.4%) con pancreatectomía total y 13 casos (19.4%) por pancreatectomía parcial o distal. No se realizaron operaciones en 11 casos (16.4%) debido a rechazo en 8 pacientes, metástasis pulmonares en 2 y alto riesgo quirúrgico en 1 debido a un severo aneurisma de aorta abdominal. Los hallazgos patológicos fueron revisados por un patólogo autorizado y un diagnóstico firme de TPMI fue hecho histológicamente en la pieza quirúrgica según la clasificación de la World Health Organization (WHO) [13].

Tipo de conducto

El tipo de tumor según el conducto fue clasificado en base a los hallazgos de la CPER y de la TC por 2 radiólogos, de acuerdo con el método que los autores han reportado previamente (Figura 1) [5]. El tipo de tumor del conducto principal fue definido como el TPMI que estaba predominantemente ubicado en el conducto principal dilatado en forma difusa o segmentaria (Figura 2). El tipo de tumor de ramificación fue definido como la presencia de un tumor productor de mucina y dilatación quística de las ramas del conducto pancreático (Figura 3). El tipo mixto o combinado fue definido como una dilatación en el conducto principal y en las ramificaciones. Los hallazgos típicos de la CPER fueron caracterizados por una papila agrandada con un  orificio dilatado y un escurrimiento visible de mucina a través del orificio de la papila.


· FIGURA 1: Dos tipos de TPMI del páncreas, el del conducto principal y el de ramificación (a: adenocarcinoma; b: adenoma; c: hiperplasia; m: mucus).


· FIGURA 2: Carcinoma papilar mucinoso intraductal del conducto principal en una mujer de 72 años de edad. (a) TC que muestra marcada dilatación del conducto pancreático principal (flecha). (b) CPER que muestra la marcada dilatación con grandes defectos de relleno que corresponden a cúmulos de mucus (flecha).


· FIGURA 3: Adenoma papilar mucinoso intraductal de ramificación en un hombre de 50 años de edad. (a) TC que muestra una rama pancreática quísticamente dilatada con tabiques en el proceso uncinado (flecha). (b) CPER que muestra dilatación quística de ramificaciones en el proceso uncinado (flecha) con apariencia normal del conducto principal (fecha punteada) por detrás.

Análisis estadístico

Se usaron la prueba de Chi cuadrado y de t para la evaluación estadística de la asociación entre el tipo de conducto y los perfiles clínico-patológicos. El método de Kaplan-Meier fue usado para estimar la probabilidad de sobrevida como una función del tiempo. La prueba log-rank (prueba de Wilcoxon generalizada) fue realizada para analizar las diferencias en la sobrevida de los pacientes. El valor de p menor de 0.05 fue aceptado como estadísticamente significativo. El tumor mixto no fue analizado debido al pequeño número de pacientes.

Resultados

TPMI de conducto principal y TPMI de ramificación

De los 67 casos, 27 (40.3%) fueron clasificados como del conducto principal, 35 casos (52.2%) como de ramificación y 5 casos (7.5%) como mixtos. Hubo 12 adenomas (3 de conducto principal, 8 de ramificación y 1 mixto), 20 malignidades borderline (7 de conducto principal, 11 de ramificación y 2 mixtos), 15 carcinomas in situ (9 de conducto principal, 4 de ramificación y 2 mixtos), 9 carcinomas (3 de conducto principal, 4 de ramificación y 2 mixtos) y 11 casos no comprobados (5 de conducto principal y 6 de ramificación).

De acuerdo con el tipo de conducto afectado por el TPMI, no hubo diferencias estadísticamente significativas en edad, sexo, fumadores, tomadores, diabéticos, niveles de bilirrubina, presencia de pancreatitis aguda, tamaño del tumor y hallazgos patológicos. El diámetro del conducto pancreático principal y la localización del tumor fueron significativamente diferentes entre los tipos de conducto principal y de ramificación. La presencia de una papila agrandada (p = 0.054) y excreción mucinosa (p = 0.009) fueron más frecuentemente observadas en el tumor del conducto principal, aunque la presencia del agrandamiento papilar no fue estadísticamente diferente.

Entre los marcadores tumorales serosos, el CA 19-9 y el CEA estuvieron elevados en 25.4% y 8.1% de las casos, respectivamente, estando la frecuencia distribuida igualmente sin importar el tipo de conducto y los hallazgos histológicos malignos. Los síntomas iniciales se presentaron en 70.4% de los pacientes con TPMI del conducto principal (10 con malestar epigástrico y 9 con dolor abdominal), mientras que el 45.7% de los pacientes con TPMI de ramificación se presentaron con síntomas iniciales (6 con malestar epigástrico, 7 con dolor abdominal, 1 con anorexia, 1 con fatiga y 1 con ictericia) (p = 0.06). Se halló tumor extrapancreático en 3 TPMI del conducto principal (1 con cáncer gástrico temprano y 2 con cáncer de colon) y en 3 TPMI de ramificación (2 con cáncer gástrico temprano y 1 con cáncer gástrico avanzado). Las operaciones fueron realizadas en 22 casos (81.5%) de los TPMI de conducto principal y en 29 casos (82.9%) de los de ramificación. El margen de resección fue positivo en 2 casos del conducto principal. Se hallaron metástasis linfáticas en 1 caso del conducto principal y en 1 de ramificación.

Recidiva

De los 22 pacientes operados con patología en el conducto principal, 4 casos (18.1%) revelaron recidiva tumoral con un intervalo promedio de 24.7 ± 17.2 meses. De los 29 operados con patología en las ramificaciones, 2 casos (6.9%) revelaron recurrencia tumoral con un intervalo promedio de 21.8 ± 15.6 meses (P = 0.35). No se halló recidiva en los 5 pacientes con tumores mixtos.

Análisis de la tasa de sobrevida

El tiempo de seguimiento después del diagnóstico varió de 2 a 76 meses con una media de 24 meses para los 54 pacientes que estaban con vida al finalizar el estudio. De los 13 pacientes que murieron, el tiempo de seguimiento fue de 1 a 31 meses, con una media de 12 meses. Se produjeron 2 muertes operatorias (3.6%) entre los 56 casos intervenidos. Una ocurrió en un enfermo con afectación del conducto principal (hombre de 74 años) y la otra en un paciente con afectación de ramificación (hombre de 60 años). La causa de muerte estuvo relacionada con el TPMI en 9 pacientes (69.2%); hubo progresión de la enfermedad en 3 pacientes que no fueron operados y recidiva de la enfermedad en 6 pacientes después de la resección. Siete pacientes (25.9%) con TPMI de conducto principal fallecieron mientras que lo hicieron 6 pacientes con TPMI de ramificación (p = 0.36). Utilizando el método de Kaplan-Meier, las curvas de sobrevida de los pacientes fueron graficadas de acuerdo con el tipo de conducto afectado (Figura 4). No hubo diferencia estadísticamente significativa en la tasa acumulada de sobrevida entre los TPMI de conducto principal y de ramificación (p = 0.93).


· FIGURA 4: Análisis de sobrevida del TPMI de conducto principal y de ramificación. Este último tiende a tener una mejor sobrevida que el primero, pero no fue estadísticamente significativa.

Discusión

A pesar de la mejora en la capacidad diagnóstica, que está basada en la presentación clínica y las técnicas de diagnóstico por imágenes que progresivamente se han refinado, es aún difícil identificar el grado de malignidad del TPMI preoperatoriamente [12]. Aunque estudios previos [6-11] han propuesto un pronóstico diferente entre los TPMI del conducto principal y los de ramificación, los comportamientos clínicos en relación con el grado de malignidad y el pronóstico de los diferentes tipos no son completamente conocidos debido a que esta enfermedad ha sido descrita recientemente. En el presente estudio, no hubo diferencia estadísticamente significativa en la tasa de sobrevida entre el TPMI de conducto principal y el TPMI de ramificación. El reporte de los autores es diferente de los estudios previos que habían consignado que el pronóstico de los TPMI de ramificación era superior a los de los TPMI de conducto principal [6-11]. Esta discrepancia está probablemente relacionada con la población de pacientes bajo evaluación, la definición y los métodos de describir los tipo de conducto y la más alta resolución de los procedimientos por imágenes que permite que más casos de TPMI sean descubiertos. Hasta muy recientemente, el tipo de TPMI de ramificación fue a menudo seguido sin operación debido al progreso de las tecnologías de imágenes [14,15]. Sin embargo, algunos de esos casos han revelado otra enfermedad pancreática, tal como un pseudoquiste o un cistadenoma seroso, en lugar de un TPMI de ramificación cuando fueron operados [3].

La resección total es generalmente considerada como el tratamiento de elección para el TPMI de conducto principal, mientras que un estrecho monitoreo es recomendado para el TPMI de ramificación [6]. Esta discrepancia proviene de los reportes que estos últimos son usualmente benignos y crecen muy lentamente [16]. No obstante, en este estudio, un número considerable de TPMI de ramificación (28.5%) revelaron carcinoma, aunque la tasa de malignidad fue más baja que la del TPMI de conducto principal (44.4%). Además, 2 casos (20%) de carcinoma en TPMI de ramificación recidivaron durante el período de seguimiento. Por lo tanto, estos resultados sugieren fuertemente que el TPMI de ramificación debe ser agresivamente tratado debido a la presencia de transformación maligna que ocurre durante el seguimiento alejado y la recurrencia tumoral después de la resección quirúrgica. Además, un TPMI de conducto principal que era un adenoma en el estudio de la pieza quirúrgica recidivó como una metástasis hepática 25 meses después de la duodenopancreatectomía. Se ha documentado que el desarrollo de TPMI incluye la secuencia llamada adenoma-carcinoma, en donde la forma última de progresión maligna es el carcinoma invasor [17].  Tomados en conjunto, una operación es absolutamente mandataria debido al potencial de malignidad de estas lesiones a pesar del tipo de conducto afectado.

Una limitación de este estudio es que incluyó 11 casos (5 de TPMI de conducto principal y 6 de TPMI de ramificación) que no fueron operados. Aunque esos casos revelaron hallazgos típicos en la CPER y la TC, no hubo una pieza disponible para confirmar el grado de malignidad. Otra limitación es que los autores no realizaron biopsia después de la recidiva del TPMI. Todas las 6 recidivas fueron diagnosticadas mediante estudios por imágenes durante el seguimiento alejado.

En conclusión, el seguimiento alejado de los resultados en el TPMI de ramificación fue similar al del TPMI de conducto principal. Además, algunos casos de TPMI de ramificación revelaron carcinoma a pesar de tener características aparentemente benignas. Por lo tanto, es muy arriesgado limitarse a monitorear estos tumores sin realizar una operación. La cirugía, siempre que sea posible, es ciertamente el tratamiento de elección para el TPMI sin importar el tipo de conducto afectado. Después de la resección, es necesario un seguimiento alejado estrechamente vigilado por el médico para detectar la recidiva tumoral.

Cáncer de páncreas

Autor/a: Ajith K Siriwardena, professor of hepatobiliary surgery, Alison M Siriwardena, salaried general practitioner Pancreatic cancer

Resumen de los puntos principales

  • Considere el diagnóstico de cáncer de páncreas en todos los pacientes que se presentan con ictericia obstructiva indolora y solicite evaluaciones adicionales.
     
  • Considere el diagnóstico en pacientes con síntomas gastrointestinales inespecíficos persistentes combinados con inicio reciente de dolor de espalda atípico o diabetes de inicio reciente.
     
  • La derivación precoz, la evaluación, y la resección quirúrgica con quimioterapia adyuvante son los pilares de la atención a los pacientes con enfermedad resecable, pero la mayoría de los pacientes no son candidatos para la cirugía.
     
  • En los pacientes con enfermedad no resecable, el tratamiento se orienta hacia el alivio de la ictericia, una analgesia adecuada, el establecimiento de un diagnóstico histológico, la consideración de la quimioterapia, la sustitución pancreática exócrina y los cuidados paliativos adecuados.

Viñeta clínica
Un hombre de 74 años que se había automedicado con antiácidos por la dispepsia recurrente consultó a su médico de cabecera cuando los síntomas persistieron durante tres meses. Después de la evaluación su médico le recetó un inhibidor de la bomba de protones y acordó un control en cuatro semanas. Dos meses más tarde, desarrolló dolor de espalda y se le recetó paracetamol con consejos sobre la movilización. Dentro de las cuatro semanas desarrolló ictericia con orina oscura y fue ingresado en su hospital local. Una tomografía computarizada con contraste confirmó el diagnóstico de cáncer de páncreas localmente avanzado, no resecable. Recibió quimioterapia paliativa pero murió cinco meses después.

El cáncer de páncreas

Más de ocho de cada 10 casos de cáncer de páncreas son adenocarcinomas ductales derivados del epitelio del páncreas exócrino. La obstrucción del conducto biliar común da lugar a la presentación clásica de la ictericia obstructiva indolora (orina oscura, heces de color claro, y prurito debido a hiperbilirrubinemia).2

Los tumores también pueden surgir desde el cuerpo o la cola de la glándula, y éstos son particularmente difíciles de diagnosticar porque los síntomas tienden a ser tardíos.3 4

¿Qué tan común es?

En 2012, el cáncer de páncreas fue el décimo diagnóstico de cáncer más común en el Reino Unido y la quinta causa más común de cáncer relacionado con la muerte.5

La incidencia está fuertemente relacionada con la edad, con un fuerte incremento después de 50-54 años.

En 2011 hubo 8.773 nuevos casos en el Reino Unido: 4328 (49%) en hombres y 4.445 (51%) en mujeres, dando una razón hombre: mujer de casi 1:11.

Las cifras de incidencia y de mortalidad son similares, con cerca de 8.000 personas que mueren de la enfermedad cada año.1

La incidencia parece ser mayor en el mundo occidental, posiblemente debido a la mayor prevalencia de obesidad.6

La resección quirúrgica seguida de quimioterapia adyuvante es el tratamiento óptimo, pero la mayoría de los pacientes no son adecuados para la cirugía debido a la comorbilidad o a que el tumor está localmente avanzado o tiene metástasis.7 8

¿Por qué se pierde el diagnóstico?

El diagnóstico de cáncer de páncreas es fácil de perderse en la presentación inicial porque sus síntomas de presentación son inespecíficos y comunes. Los síntomas no específicos se pueden categorizar como sistémicos o locales.

Las características sistémicas incluyen: Pérdida de peso y la aparición de diabetes o de problemas en la regulación de la tolerancia a la glucosa.9

Los síntomas locales incluyen: Dolor abdominal y dolor de espalda. El dolor abdominal, a menudo es epigástrico y se irradia a la espalda, se confunde fácilmente con la dispepsia tanto por los pacientes como por los médicos. El dolor de espalda es también común en el cáncer de páncreas,10 posiblemente debido a la propagación extrapancreática que puede implicar a los plexos neuronales peri-pancreáticos. Sin embargo, el dolor de espalda es común en el grupo de edad más afectado por el cáncer de páncreas, y en ausencia de otros síntomas o signos es poco probable que despierten una sospecha de cáncer de páncreas en la primera presentación.

La ictericia es un síntoma relativamente tardío. Por lo general, la aparición de la ictericia precipita la consulta y la rápida remisión del paciente. La obstrucción del conducto pancreático principal puede llevar a comprometer la función exócrina, lo que se puede manifestar en la intolerancia grasa, esteatorrea y pérdida de peso.10 Este cuadro clínico es un fenómeno propio de la etapa tardía, pero los síntomas más leves puede ser notables en una etapa temprana.

¿Por qué ocurre?

Alrededor de la mitad de los pacientes que se presentan con cáncer de páncreas son admitidos como una emergencia, ya sea a través de los servicios de urgencias o de medicina general; esta es la más alta proporción de referencias a emergencia para cualquier cáncer.11 Sólo alrededor del 11% se derivan bajo el sistema de dos semanas de espera para los pacientes sospechosos de cáncer. 11

Los pacientes que se presentan como situaciones de emergencia tienen una tasa de supervivencia a 12 meses menor (9%) que los que se ingresan derivados por otras vías (19%) o como controles de rutina electivos (26%).11

Estas diferencias en el tiempo de supervivencia sugieren que los síntomas y signos que actualmente precipitan una derivación con sospecha de cáncer son sus características finales.

La supervivencia estandarizada a un año para el cáncer de páncreas en Inglaterra (2005-09) fue del 17% para los hombres y 19% para las mujeres.12

En el gran estudio ESPAC-3, la resección del tumor primario seguida de quimioterapia adyuvante se asoció con una mediana supervivencia de 43 meses (95% intervalo de confianza del 34 a 56), con el 29% de los pacientes vivos cinco años después de la cirugía.8

Por lo tanto, aunque no todos los pacientes con cáncer de páncreas son candidatos para la cirugía, la evidencia sugiere que la cirugía mejora la supervivencia y el diagnóstico temprano de los tumores no metastásicos puede permitir que más pacientes tengan acceso a la resección. El diagnóstico precoz evitaría también el trauma asociado con el retraso diagnóstico.

¿Cómo se diagnostica el cáncer de páncreas?
Características clínicas

El cáncer de páncreas se debe considerar en cualquier paciente con inicio reciente de ictericia obstructiva indolora. En esta configuración, se debe constar una derivación temprana para más evaluaciones.13

El diagnóstico es más difícil en los pacientes sin ictericia. Aquí la coexistencia de síntomas gastrointestinales inespecíficos persistentes con inicio reciente de dolor de espalda atípico, sobre todo en presencia de diabetes recién diagnosticada o pérdida de peso, debe plantear un índice de sospecha sobre el cáncer de páncreas.

Un estudio a gran escala basado en una base de datos de atención primaria ha desarrollado un algoritmo para el diagnóstico de cáncer de páncreas.14 Los predictores independientes en los hombres y en las mujeres fueron14:

  • Edad
  • Tabaquismo
  • Diabetes tipo 2
  • Pancreatitis crónica
  • Dolor abdominal
  • Anorexia
  • Pérdida de peso

El 10% de los pacientes con más alto riesgo predicho está compuestos por el 62% de todos los cánceres pancreáticos diagnosticados durante los próximos dos años.14

Un análisis de casos y controles que comparó 3.635 pacientes recién diagnosticados emparejados con controles según la edad y el sexo encontró que nueve características estaban asociadas con el cáncer de páncreas (todos P <0.01).15 Estas características fueron:

  1. Ictericia
  2. Dolor abdominal
  3. Náuseas o vómitos
  4. Dolor de espalda
  5. Estreñimiento
  6. Diarrea
  7. Pérdida de peso
  8. Malestar general
  9. Diabetes de nueva aparición

Investigaciones complementarias

Las pruebas bioquímicas de función hepática pueden ayudar a distinguir entre una ictericia obstructiva y una hepatocelular en pacientes con ictericia indolora y guiar la derivación hacia  equipos médicos o quirúrgicos.

Ecografía abdominal: puede sugerir el diagnóstico, pero un resultado normal no excluye cáncer pancreático.13 Para el diagnóstico de cáncer de páncreas, la ecografía tiene una sensibilidad del 90% y una especificidad del 97%.16 El ultrasonido es dependiente del operador y puede producir resultados negativos falsos si el páncreas está oscurecido por el gas en el colon transverso suprayacente.17

Tomografía computada:

Las directrices británicas recomiendan actualmente tomografía computarizada de alta resolución con contraste como la prueba de diagnóstico de elección.13 Tiene una sensibilidad de 75-100% y una especificidad del 70-100% para el diagnóstico de cáncer de páncreas. Aunque la sensibilidad para las lesiones de menos de 2 cm es sólo 68-77%.17 La prueba también proporciona información sobre el pronóstico mediante la indicación de la presencia o ausencia de metástasis en el hígado y la invasión de estructuras vasculares locales.

¿Cómo se gestiona el cáncer de páncreas?

La gestión moderna de los pacientes con cáncer de páncreas requiere atención multidisciplinaria en un centro especializado de alto volumen. En pacientes con pocas (o sin) comorbilidades y un pequeño tumor no metastásico, las directrices actuales abogan por la resección quirúrgica seguida de quimioterapia adyuvante.7

Sin embargo, la mayoría de los pacientes no son candidatos para la cirugía, y la atención de apoyo tiene como objetivo aliviar la ictericia; establecer un diagnóstico histológico del cáncer; y ofrecer quimioterapia paliativa, terapia de reemplazo pancreático exócrina, analgesia adecuada, y cuidados paliativos.7

 

lunes, 14 de mayo de 2018

Pancreatitis auntoinmune asociadoa a colangitis esclerosante y nefritis intersticial

Nefrologia (Madr.) 2012;32:854-6 | doi: 10.3265/Nefrologia.pre2012.Aug.11185
Sr. Director:
La pancreatitis autoinmune (PA) es una forma de pancreatitis crónica causada por un proceso inflamatorio autoinmune con infiltración linfocítica y fibrosis que conducen a disfunción del órgano1, relacionada con altos niveles de IgG4 y anticuerpos contra la anhidrasa carbónica tipo II2,3. Frecuentemente presenta manifestaciones extrapancreáticas, como la colangitis esclerosante y la nefritis tubulointersticial4.
La colangitis esclerosante asociada a PA tiene hallazgos imagenológicos y presentación clínica similar a la colangitis esclerosante primaria (CEP), pero presenta una dramática respuesta a esteroides5.
Describimos el caso de un paciente con episodios de colangitis y pancreatitis repetidas manejado como CEP sin respuesta, que desarrolló una nefritis tubulointersticial con hallazgos en biopsia renal sugestivos de proceso autoinmune, presentando resolución de las manifestaciones gastrointestinales y renales con esteroides.

CASO CLÍNICO

Varón de 37 años que consultó en marzo de 2006 por ictericia, fiebre y dolor abdominal; se pensó en episodio de colangitis, la colangiopancreatografía retrógrada endoscópica y p-ANCA tomados por sospecha de CEP fueron negativos, lo que hizo pensar en microlitiasis.
En mayo de 2006 se realizó esfinterotomía endoscópica. Ocho días después muestra nuevo episodio de colangitis. Se planteó posible colecistopatía acalculosa como explicación de colangitis recurrente; la gammagrafía con colecistoquinina fue compatible con el diagnóstico y se efectuó colecistectomía laparoscópica, pero a los 15 días presentó otro episodio de colangits.
Se retomó la sospecha diagnóstica de CEP, se hizo biopsia hepática que mostró colangitis aguda con mínimos focos de fibrosis. A principios de 2007 se realizó colangiorresonancia que demostró constricciones compatibles con CEP, sin posibilidad de intervención.
Recibió manejo como CEP, con ácido ursodeoxicólico y dosis bajas de antibióticos (ciprofloxacina), pero continuó presentando episodios de colangitis.
En octubre de 2007 consulta por fiebre y dolor abdominal; se inicia manejo con ciprofloxacina y se solicita tomografía de abdomen contrastada, previa creatinina, que informa 8,7 mg/dl. En mayo de 2007 la creatinina era de 1,2 mg/dl.
Se evalúa por Nefrología, se encuentra paciente con leve palidez como único hallazgo.
Exámenes: creatinina 7,6 mg/dl, nitrógeno ureico en sangre (BUN) 46, sodio y potasio normales, pH: 7,32, bicarbonato 16, Hb: 9,7 g/dl, uroanálisis con glucosuria (50 mg/dl) sin hiperglucemia.
La ecografía renal mostró riñones de tamaño normal, aumento en ecogenicidad bilateral.
Se diagnosticó insuficiencia renal aguda secundaria a nefritis tubulointersticial por consumo de quinolonas.
Al día siguiente, con el retiro del antibiótico e hidratación, la creatinina bajó a 5,5 md/dl y el BUN a 36 mg/dl. El complemento sérico fue normal, los anticuerpos antinucleares (ANA), la prueba serológica para la sífilis (VDRL) y para el virus de la inmunodeficiencia humana fueron negativos; proteinuria en 24 horas de 580 mg. Se le dio el alta con creatinina de 2,2 mg/dl.
Veinte días después regresa por fiebre, diarrea y edemas. Al ingreso presenta creatinina 15 mg/dl, potasio 5,8 mEq/L; citoquímico de orina: leucocituria, proteinuria (25 mg/dl), glucosuria (50 mg/dl), hematuria (eritrocitos 6 x ap). Examen físico sin hallazgos patológicos. Se consideró agudización de fallo renal previo; por la sospecha de nefritis tubulointersticial se inició manejo con prednisona y se realizó biopsia renal.
La biopsia renal reportó: nefritis tubulointersticial aguda, inmunofluorescencia: IgG: ++ (intersticio), IgA e IgM: +++ (intersticio), cadenas k y lambda: ausentes, C3: +++ periférico, M y cápsula de Bowman, ausencia de C1q. Interpretada como cambios histológicos compatibles con nefritis tubulointersticial aguda por hipersensibilidad medicamentosa vs. autoinmune.
Se continuó manejo con esteroides y, al egreso, creatinina 3,6 mg/dl.
Desde el inicio de los esteroides no ha presentado episodios de colangitis ni pancreatitis, por lo que se sospechó PA con colangitis esclerosante y nefritis tubulointersticial como complicaciones extrapancreáticas.
No se determinaron niveles de IgG4 porque ya recibía tratamiento esteroideo.
Primer control ambulatorio: creatinina 1,6 mg/dl. Venía en desmonte de esteroides y se dejó dosis de prednisona de 5 mg interdiarios indefinidamente. Controles posteriores con creatinina entre 1,7 y 1,4 mg/dl.
El último control se realiza en diciembre de 2010 con creatinina de 1,43 mg/dl, sin nuevos episodios de colangitis o pancreatitis.

DISCUSIÓN

En 1961 Sarles realiza la primera descripción de una pancreatitis crónica con manifestaciones autoinmunes; posteriormente, en 1995 esta forma de pancreatitis sería denominada por Yoshida «pancreatitis autoinmune»6.
Aunque recientemente ha aumentado el número de reportes, y algunas series muestran prevalencia del 5 % entre pacientes con pancreatitis crónica, la incidencia permanece desconocida7.
Frecuentemente se asocia con artritis reumatoidea, Sjögren y enfermedad inflamatoria intestinal; es habitual encontrar hipergammaglobulinemia, niveles elevados de IgG4, autoanticuerpos contra la anhidrasa carbónica tipo II y contra la lactoferrina, lo que sugiere una base autoinmune, pero se desconoce su patogénesis1-3.
Dentro de las manifestaciones autoinmunes extrapancreáticas se encuentran sialadenitis esclerosante, fibrosis retroperitoneal, neumonitis intersticial, colangitis esclerosante y nefritis tubulointersticial4,8.
Respecto a la colangitis esclerosante asociada a este tipo de pancreatitis, se resalta que comparte hallazgos imagenológicos, colangiográficos y clínicos con la CEP; algunos autores han señalado que la presentación a edades mayores de 60 años, niveles elevados de IgG4 y una dramática respuesta a esteroides favorecen el diagnóstico de colangitis esclerosante asociada a PA sobre una CEP5.
Han sido propuestos varios criterios diagnósticos para PA; entre ellos, los criterios revisados de Japón, que hacen énfasis en hallazgos imagenológicos; los criterios de la Clínica Mayo (HISORT), que involucran histología, imagenología, serología, compromiso de otros órganos y repuesta a esteroides, y los criterios italianos, que dan mayor importancia a la histología; sin embargo, no existe un consenso internacional sobre los criterios diagnósticos a utilizar9.
Hasta la actualidad se han reportado pocos casos de nefritis tubulointersticial asociados a PA; generalmente se trata de varones mayores de 50 años, con infiltrados de células mononucleares positivos para IgG4 en el intersticio renal con evidencia de respuesta clínica y serológica (disminución de niveles de IgG4) a esteroides8,10.
Pese a no contar con niveles de IgG4 en nuestro paciente, hay elementos sugestivos de una colangitis esclerosante y nefritis tubulointersticial asociadas a PA: episodios frecuentes de colangitis con hallazgos en colangiorresonancia que inicialmente hicieron suponer CEP, pero con pobre respuesta a tratamiento habitual y ausencia de autoanticuerpos (p-ANCA, ANA) presentes en más del 85 % de los pacientes con dicha patología; y episodios repetidos de pancreatitis con evidencia de crecimiento difuso del páncreas, con resolución con tratamiento esteroideo.
Los hallazgos en la biopsia renal, específicamente en la inmunofluorescencia, favorecen un mecanismo autoinmune en la génesis de la nefritis tubulointersticial presentada por el paciente.

Conflictos de interés 

Los autores declaran que no tienen conflictos de interés potenciales relacionados con los contenidos de este artículo.